Entrevista con Romero
La media verónica



Estoy tan nervioso como si fuese a debutar” Está en la cuenta atrás que llevan al alimón Sevilla y Curro Romero, Curro Romero y Sevilla. Cuenta atrás hacia un día D sábado, 1 de diciembre del año de gracia de 2001. En él va a cumplirse el sueño de un torero irrepetible y de una afición muy fiel. El torero se llama Curro Romero y la afición es la de todo el toreo en general y la de Sevilla en particular. El motivo, el monumento que pasado mañana se descubre para un torero monumental


Fotografía de Jaime Martinez.- Diario de SevillaMediodía soleado de este noviembre que busca las tablas y Romero se ha abrigado bien para la cita. “Nunca pude con el frío, ni cuando niño ni después ni ahora”. No ha perdido el empaque y parece que estamos en uno de esos días de invierno en que él se preparaba para estar a punto. “Ya no entreno nada y tendré que hacer algo porque he puesto unos kilitos, moverme un poquito aunque sea sin salir de mi casa. Algo habrá que hacerse”. La cuestión está en lo de pasado mañana, en el descubrimiento de una estatua con Romero desplantado para siempre junto a la Puerta del Príncipe. Y la verdad es que me lo imagino como tragándose el anhelo. “Estoy nerviosísimo, muy nervioso, como si fuese a debutar otra vez en Sevilla. Eso de que a uno le levanten un monumento en vida es una cosa muy seria y me despierto por las noches dándole vueltas a la cabeza. ¿Emocionarme? Nunca fui hombre de lágrimas, pero que voy a emocionarme es tan seguro como que tú y yo estamos hablando en este momento cara a cara”.

Ha estado Curro viendo con los técnicos cómo van las obras del monumento y ya se pleitea por muy poco… “He pedido que me pongan mirando de frente para Triana y Camas, que la Puerta del Príncipe la veré de reojo. ¿Qué si me identifico con la estatua? Claro que sí. Sebastián Santos lo ha recogido todo muy bien y ahí se demuestra que lo ha hecho en un estado de inspiración grande. Lo mejor es que tiene movimiento”. Hace trece meses largos que Curro Romero se fue del toreo en una plaza de carros y en este tiempo apenas ha parado de recoger distinciones. “Si he de ser sincero, jamás pude esperarme tal cantidad de homenajes. Parece mentira, pero esto del monumento le pone colofón a un puñado de cosas con sello de Correos incluido. Pero que te levanten un monumento en vida…”. La idea del monumento cuajó con Romero en plena actividad y Rafael Álvarez Colunga hizo el resto, pero ¿cuándo vio el protagonista que aquello iba en serio? “Cada vez que terminaba una reunión de la comisión que trabajó por el monumento, los amigos que tengo en ella me llamaban para decirme ‘Curro, hemos dado un pasito más, ya mismo te vamos a ver cada vez que queramos’ y, claro, eso me llenaba de ilusión y de ganas porque fuese verdad”.

Si no se ha dicho debería decirse que esto del monumento es una especie de pase de la firma para una relación de amor entre una ciudad y un torero… “Qué bonito, ¿no? Algo de eso puede haber. Sevilla me ha devuelto con creces lo mucho que yo siempre quise darle. A lo largo del tiempo quizá hubiese más intensidad que cantidad en lo que yo devolvía, pero lo cierto es que este monumento demuestra lo enraizado que está el sentimiento que Sevilla siente por mí y el que yo siento por Sevilla”.

Preferiría él que no se supiese, pero estamos seguros de que alguna noche, cualquier noche de ésas en que por allí estalla el aroma de la dama de noche, Curro Romero va a acercarse al monumento para hablar con él a solas. “Seguro que sí, pero tengo que estar segurísimo de que no hay nadie que me vea y suelte una guasa. Seguro que lo que más me atrae de mi monumento es verme con él a solas”.

Sería como un mano a mano bajo la luna, bajo esa luna que veía a Juan Belmonte abrirse camino en la Dehesa de Tablada en busca de un toro con el que descifrar su tauromaquia. “Sería como reencontrarme con el tiempo, con todo mi tiempo, como un viaje a ese túnel en el que se encuentra todo lo que me ha pasado. Pocas cosas me atraen más del monumento que poder verlo a solas, pero ya te digo que teniendo la seguridad total de que nadie me ve”.

Y es que uno de los secretos de este mito viviente se fraguó en un tiempo de intimismo absoluto, de ser tarea prácticamente imposible la de verlo fuera de la plaza. Ahora, un año ya retirado, ni siquiera se ha movido de Sevilla. “De viajes, nada de nada. Mi vida se ha desarrollado en mi triángulo de siempre, Marbella, Madrid y Sevilla. Normalmente en Sevilla, paso alguna temporada en Marbella y me desplazo a Madrid para algo en concreto”.

Por cierto que en Madrid, en el museo de Las Ventas, va a quedar constancia de ese monumento sevillano. Una reproducción a escala reducida de la obra de Sebastián Santos estará para siempre en el museo taurino de la plaza madrileña. “No podía ser de otra manera. Madrid también ha sido muy importante en mi trayectoria de torero, me dio mucho y me esperó siempre. Una de las cosas que me han dejado con un cierto mal sabor fue no haber toreado allí más recientemente, pero las cosas son como son y no hay por qué cambiarlas...”.

Madrid fue también casa de este torero, que se llevó allí a sus padres y a sus hermanas en cuanto le vio el color a esto de ser torero. “Es verdad y hay que ver lo mal que lo pasaban las pobres cuando yo me iba a torear, mi padre se venía conmigo y ellas se quedaban solas. Sí, Madrid fue mi casa muchos años, pero nunca pude con aquellos fríos de Madrid y en cuanto pude me volví a vivir aquí abajo”.

Han pasado cuarenta años largos, muy largos, como pasa toda una vida y las cosas que merecen la pena están indelebles en el archivo de la memoria. Simas y cimas, romero y almohadillas, puerta grande y puerta chica, la más chica de todas, ¿qué cambiaría Romero? “Qué voy a cambiar. Yo he dicho muchas que las cosas son como son y a ello me agarro. Si naciese otra vez y fuese torero, cogería el mismo camino, el de la pureza y el que no quiera que no vaya a verme, que yo no nunca engañé a nadie”.


Torero que ha alternado con varias generaciones, ahora que no nos oye nadie, ahora que por mucho que nos oigan, nadie puede sentirse herido, ahora que estamos en la cosa de los pensamientos en voz alta. Señor Curro Romero, ¿con quién le gustaría a usted hacer un nuevo paseíllo? (Silencio largo, espeso, ojos con brillo...). “Me moriría por verme en la puerta de arrastre liado en el capote junto a Antonio Ordóñez y Rafael de Paula... (más silencio)”.

Silente y faraónico, siempre faraónico este faraón que se entroniza pasado mañana así que sean las doce y media de la tarde junto a la Puerta del Príncipe, junto a esa puerta que tantas veces se abrió a darle paso triunfal. “Recuerdo de esas salidas algo muy especial y que siempre me hacía la misma ilusión. Tanto la primera como la última me llenaron de una satisfacción casi plena”.

Fueron cinco veces, nada más y nada menos, las que este torero, torero, torero, pasó bajo el arco principal del toreo, ¿muchas?, ¿pocas? “Ni muchas ni poca, las que fueron y punto. Lo mejor de todo es que en todas, de más joven, luego ya más mayor, siempre me hizo la misma ilusión y sentí la misma alegría. Aquellas tardes en que surgía el arte no se pueden cambiar por nada”.

Y aquella tarde de la Ascensión del 66, con seis toros de Urquijo y ocho orejas al esportón. “Aquel fue un gran día, pero no de los que yo tengo mejor recuerdo. He cuajado toros mucho mejor que aquella tarde. De aquella tarde me quedo con lo que sentí toreando con el capote al sexto y con la cara que se le quedó a todos los que me esperaban con la escopeta cargada”.

Puede decirse, alguien así lo ha dicho, que aquel día fue cuando Curro Romero entró de verdad en Sevilla, cuando se cimentó el mito de un torero digno de ser esperado. “No es verdad. Yo entré para siempre en Sevilla el día de la novillada de Benítez Cubero, la de mi debut en Sevilla. Y la verdad es que ahora, esperando el día del monumento, estoy mucho más nervioso que entonces, bastante más nervioso. Y es que un monumento en vida...”.

Y mirando a su Camas y la Triana de Juan Belmonte, quizá el espejo donde se miró siempre. Pero ya que ha dicho su terna soñada, vayamos a la contemporaneidad, que me han dicho que se bebe los vientos por un torero de Madrid... “Me entusiasma José Tomás, claro que sí, y a quién no. Hace el toreo y le da una importancia grande a la profesión de torero. Como para no gustarme”.

Trece meses largos que se fue y en este tiempo no se ha puesto delante de una becerra, ¿para siempre? “Nunca puede decirse para siempre, pues los ganaderos amigos me siguen llamando a los tentaderos como cuando estaba en activo. Por lo pronto no va a ser, pero no hay que descartar que cualquier día vaya a un tentadero y le pegue diez o doce pases a una vaca que me guste”. .

 

Luis Carlos Peris
Diario de Sevilla.- 29/11/01
El Mundo de Andalucía





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