>MANUEL CONDE
El psicoanálisis y Curro Romero


"Soy psiquiatra y psicoanalista y aficionado a los toros y admirador suyo pues he tenido la oportunidad y la suerte de verle expandir su arte en la Maestranza en algunas ocasiones. Esta carta es para comentarle cual fue mi sorpresa al encontrar en un libro sobre psicoanálisis escrito por una compañera francesa una mención a usted que le comparaba con un gran maestro del psicoanalisis el profesor Jacques Lacan. Esto me llevó a publicar un pequeño trabajo sobre psicoanálisis y toros en los que lo menciono ahondando en esa comparación de dos grandes maestros cada uno en lo suyo.
Si fuera de su interés o para la página les puedo facilitar el artículo que escribí y salió publicado en una revista de psicoanálisis.
Con mis mejores deseos tanto en su vida particular como en la artística en la que le veré este próximo Jueves de Feria.
Un cordial saludo de Manuel Conde"





...Lacan hablaba de toros mi sorpresa fue mayúscula -¿Lacan aficionado a la fiesta? Rápidamente comprendí que eran toros distintos de los que yo conocía - no era el toro español. Hablando en plata, se refería a un donut. Este hombre le saca partido a todo, el donut le sirve para ejemplificar el anudamiento de la demanda y el deseo, ni más ni menos.

Repuesto de esta sorpresa inicial encontré con admiración que Lacan tenía gran afición a esos otros toros. En el año 1962 comienza y ya no para de hablar de ellos. Catorce años después en 1976, nos propone una conclusión: lo consciente y lo inconsciente están soportados por un mundo tórico. Freud se ha encarnizado alrededor de eso, pero no ha dicho la última palabra. Particularmente jamás ha enunciado esto, que el mundo es tórico (1) (Desde luego Freud no llegó a tanto).

Así pues en esto del psicoanálisis y los toros tenemos que hacer una primera precisión: una cosa es lo tórico y otra lo taurino, pero de toros toros, los españoles sabemos más que nadie.

El torero es un artista con reflejos de heroe, ya que se trata de tú a tú con la muerte, que persigue hacerle su faena al toro. El arte y la muerte se engarzan en la fiesta. El combate entre la fiereza del animal y la inteligencia del hombre que se expresa en el manejo del engaño, se cortejan en busca de la creación de una obra efímera. Parar, templar, mandar en la embestida del morlaco y hacerlo con arte es el resumen de su oficio: lidiar toros. El objeto que pretende es la mirada de un ballet soñado.

Si ser psicoanalista es una profesión imposible, ser torero, como artista, al menos debe ser difícil. Sus problemas no suelen ser que su materia artística no venga a su encuentro, que le huyan las palabras o las formas. Más bien la materia con la que trabaja tiene el inconveniente que se le viene encima. Aunque no este inspirado le embiste con las malas ideas que se le suponen. En el arte de como quitarse de encima la embestida se resumen las faenas que vemos en la plaza. En transmitir, o belleza, o dominio, o miedo encontramos el arte de cada torero.

Hablando de toreros y psicoanalistas, en mis preferencias ocupan un lugar destacados dos: el Sr. Jacques Lacan y el Sr. Curro Romero. El primero diestro afincado en París, fallecido hace unos años, que ha legado esa curiosa ligazón entre el psicoanálisis y los toros, que con su enseñanza ha revivido el psicoanálisis. Apodado el Maestro de París. El otro, diestro afincado en Sevilla, aún en activo a sus 60 años, torea tan despacio que en algunas ocasiones ¡ha detenido el tiempo! De apodo el Faraón de Camas, su ciudad natal.

Con estos antecedentes comprenderán que me llenó de alegría encontrar una referencia en la literatura del mundo psicoanalítico que comparaba a ambos. La autora de tamaña comparación es francesa: Catherine Clement (2). Asistió durante varios años a los seminarios del Dr. Lacan, en la época en que empezaba a hablar de toros, y consiguió algo mucho mas difícil todavía ver una buena faena de Curro. (No sabemos si lo primero le llevó a lo segundo).

Habiendo tenido tan singulares experiencias que los aficionados más exaltados podrían calificar de místicas, los iguala en algo, ambos tenían duende.

De Lacan dice: A veces, uno se aburría, pesadamente. Sus mejores oyentes sabían descubrir el instante en que iba a surgir la inspiración. Era un espectáculo prodigioso... Lacan hablaba de la misma manera que planean los gavilanes, remolineando en torno a una idea, antes de apoderarse de ella, cayendo como el rayo sobre las palabras... Como le sucede a todos los inspirados, un día no ocurría nada. El encanto se desvanecía como nieve bajo el sol; solo quedaba un hombrecito, que hablaba en voz más bien baja, y lentamente.

Y de Curro Romero: En Andalucía, la tauromaquia es inspirada. Los toreros andaluces no son como los restantes españoles, clásicos, valerosos, serios o dramáticos. Para que su arte pueda realizarse, exigen que sea posible una magia. Y esta exigencia no va dirigida a nadie salvo a ellos mismos... Curro Romero, por ejemplo, atrae multitudes de españoles fanáticos. Esperan que se renueve el gesto del capote, el pase admirable, que, en un segundo, les pondrá de pie en la plaza con ovaciones interminables. Pero para que ello suceda, es preciso que el "duende" esté a su favor.

En la concepción tauromáquica del "duende" hay algo que roza la inmortalidad: el inspirado tiene todo el tiempo por delante. Más aún que su vida.
En la concepción del seminario de Lacan hay algo que roza la inmortalidad. Ese hombre también tiene todo el tiempo por delante. Y en tanto inspirado disuelve su Escuela y funda una nueva..

Yo que no asistí al Seminario del profesor Lacan y solo lo conozco por las crónicas y esos secretos que se transmiten oralmente, si en ciertos momentos era comparable oírlo a una tanda de verónicas de esas con las manos bajas y despacito despacito, que a veces le salen a Curro, hubiera merecido la pena haber estado presente. La honrosa comparación de ambos autores no se a quien de los dos enaltece más. Cada uno en su oficio, conseguían ciertos momentos inspirados en que empleando un término taurino la faena transmitía a los tendidos.

Sobre la inspiración, la gracia divina o humana, se habló en el último coloquio de Jornada Freudiana. El duende no es un mal bicho para intentar hacerle faena psicoanalítica.

Para terminar quede aquí mi recuerdo para un analista taurino el Dr. Jacques Olivier, que fue excelente aficionado en ambas disciplinas y nos dejó recientemente. También mi aliento al cartel de analistas tóricos de J. F: (3) que lidió en Sevilla con una faena, en mi opinión de vuelta al ruedo.

(1) Seminario XXIV L'insu, Clase del 4.12.76, pag. 13. Escuela Freudiana de Buenos Aires.
(2) C. Clement, "Vidas y leyendas de Jacques Lacan", pg. 2324. Editorial Anagrama.
(3) Mª José González, Henry Lerner y Luisa López.


Manuel Conde Díaz
Psicoanalista Psiquiatra
Septiembre de 1994
Mairena del Aljarafe


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