LUIS GARCÍA CAVIEDES
La tauromaquia de Curro Romero


La torería de Curro Romero es bastante peculiar. Habiendo pegado petardos de todos los colores,ahí está portando el máximo caché y gozando de la máxima consideración de los profesionales que son los que de verdad validan más allá de lo diga la crítica.

Su tauromaquia es algo que al someterlo a un análisis medianamente serio, se podrá comprender por qué no es susceptible de prodigalidad. Precisa de tantos requisitos que hacen inviable la reiteración en el triunfo. Eso es desde todo punto de vista imposible.

Por su forma de ser y concebir el toreo su valoración adquiere características especiles. Para que su quehacer creativo brote en todo su esplendor,es necesario conjugar en tiempo y lugar algunas variables. Si no se aúnan, es quimérico pensar que "allí" puede surgir algo. Hay que arrejuntar, en el mismo sitio, fecha y hora, la disposición anímica de Curro (sentirse, que no es dependiente de la voluntad), inspiración, condición física y características del toro (las objetivas y las subjetivas).

A Curro lo tildan de funcionar con descaro, se le atribuye desgana o apatía y que sólo torea cuando quiere. Falso. Otros que son enemigos envidiosos, ignorantes, malpensados o detractores afirman que Curro Romero no es un sinvergüenza en la plaza; que allí da el hombre lo que puede; que cuando carece de lache (vergüenza en calé) es al firmar los contratos porque sabe que no puede con honestidad, cumplirlos después. Esta valoración es respetable, como todas, pero no deja de ser muy pobre, y, me malicio que no se ha enterado de la misa la media quien así opina.

Curro, como todos los profesionales de toreo quiere estar bien el máximo de días posibles, y cuando "se viste" espera, y desea, que se reúna la constelación de requisitos favorecedores del triunfo. Lo que sí parece claro es que de no darse el ensamblaje de condiciones, lo mejor es abreviar. Estar "sin poder" debe ser un calvario y sensato siempre fue pasar pronto el camino malo.

Curro Romero es como es. Nadie puede afirmar con verdad haber sido engañado por él ; todos saben lo que puede, y lo que no, dar de sí. No busca comparaciones ni ranking ni competencias ni estadísticas. El Faraón es lo que es. Es lo que siempre ha sido. Es su toreo.

¿Cómo es su toreo?. Será bueno decirlo con sus propias palabras.Para Romero torear "es como acariciar; es convertir algo violento en algo suave, tierno, estético".Eso es crear. Eso es en realidad construir, cosa que no siempre hay posibilidad de hacer.

Quienes lo conocieron de aficionado, dicen que su concepción del toreo es la misma que tenía entonces; afirman que su sello personalísimo le acompaña siempre. Ha cambiado poco, casi nada; en todo caso las mutaciones que incluyó no fueron conceptuales sino para depurar aún más -¿es posible?- su estilo. Romero, de niño, concibió el toreo de una forma concreta y lo desarrolla, si puede, pero no modifica su noción y ejecución de ninguna manera.




Empaque y naturalidad

Si algo puede ser definitorio del toreo de Romero es el empaque, mucho más que lo pinturero y airoso.Sus maneras están más preñadas de natural profundidad y puro clacisismo, que de galanura o gracia. Alguien definió la tauromaquia de Romero como el toreo de las tres D: diferente, despacio y derecho (Derecho no significa, más bien al contrario, tieso, envarado o encorsetado. Derecho es erguido y quieto pero dando juego a las extremidades superiores y quebrando la cintura en el acompañamiento, muy templado, de la res.

Los dos elementos más característicos de su estilo,más que la estética o el arte, son la naturalidad y pureza. Lo natural que en el fondo es siamés de lo puro, es lo franco, sencillo, sincero y espontáneo; es la contraposición al artificio, fingimiento y doblez.Es la cualidad de hacer las cosas tal como son y tal como hay que transmitirlas: sin alardes, sin darles importancia y sin aparentar que la tiene. Es torear siempre cargando la suerte y marcando con los engaños la trayectoria que hay que seguir; aquélla que va de arriba hacia abajo, para someter al astado. Consigue así que el toro vaya taco embarcado mientras él corre la mano con temple y pasmosa lentitud. Siempre con la misma cadencia.

Para ejecutar esta forma de toreo, cien por cien ortodoxa y natural, Curro necesita verlo muy claro. Afirmaba D.Luis Bollaín, acérrimo belmontista, sevillano, escritor, notario y, por supuesto que currista que Curro Romero requiere su toro "subjetivo". No es que necesite una clase de toros específica, como se ha dicho por ahí un montón de veces; lo que precisa es un toro acorde con lo que él vea y sienta en ese momento. Este hecho del toro subjetivo, ha inducido a error a público y aficionados con relativa frecuencia. No son pocas las ocasiones en que había en la plaza un toro por el que nadie apostaba un duro que Romero le hiciese faena, y se la cuajó. Por el contrario es reitarado haber dicho más de un profesional o aficionado "éste es el toro de Curro" y al final...cero cartón del ocho. Resultado: una mayor frustración y bronca de tamaño proporcionado al desencanto sufrido. En su concepción estética siempre estuvo muy presente aquello que los teóricos de la tauromaquia llaman la dirección descendente. Esto es: llevar hacia abajo los engaños desde el embroque hasta el remate. Ahí está su hondura; ahí radica su estética y su verdad. Si por un casual el toro anda cortito de fuerzas; cual es el caso del toro nuestro de cada día, o bien la res no humilla lo suficiente, el déficit del animal lo palía el Faraón subiendo una mijita la altura del engaño en el cite; así ejecuta el pase en dirección descendente sin provocar el desplome de la res, manteniendo al cien por cien la belleza en la ejecución.




De capa

Es su fuerte. El capote, con el que no tiene un repertorio excesivamente variado, es el engaño con el que más ha enloquecido a la gente; no es raro que en tardes de sainete, en corridas de petardo en condiciones hubiera hecho cosas importantes con él. De capa, su quehacer suele tener como fundamento el toreo a la verónica y los remates con la media, o medias, para después continuar con un desplante juncal y marchoso. Romero permanece incluido en el grupo de toreros que, con buen gusto, no han claudicado ante la dichosa modita de rematar con una revolera, cuyo uso barato y muy frecuente en el toreo moderno, gusta mucho al público que no al aficionado. Romero sí que ha dado alguna vez, antes con más frecuencia, largas cordobesas. También ha ejecutado, sin mucha profusión, el toreo de frente por detrás; palo con el que ha enloquecido a quien lo ha visto realizar.

El secreto del toreo de capa de Curro, lo dio un día Salomón Vargas, aquel torero gitano de Camas, hermano del que fue "Gitanillo de Camas" y tío del, en Sevilla malogrado banderillero Ramón Soto Vargas: "lo que le pasa a Curro es que cuando torea los avíos, toro y torero tó va a la vez".




Con la muleta

Curro tiene un muestrario mucho más amplio con la muleta que con la capa. Aunque sus faenas se suelen basar en los pases fundamentales (redondos, naturales y los soberanos pases de pecho en que se saca al toro por la hombrera contraria), no es inusual verlo pegar trincherillas, molinetes, kikirikies, de la firma, cambios de mano, majestuosos ayudados por alto y sus inefables ayudados por bajo.

Sus inicios de faena son suceptibles de restringir a dos clases; o va directamente al lío, sin más miramiento, para bien o para mal; Curro toma el camino en dirección a la cumbre o, escoge el que conduce, sin error, a la bronca, pero pronto. Si no termina de estar covencido sobre qué camino elegir, da unos pases de tanteo en el que más que probar al toro impresiona como si estuviera él mismo escuchándose a ver cómo se encuentra. Es más un currotanteo que un taurotanteo.

Dentro de sus faenas de muleta, prodiga más el toreo con la derecha que con la izquierda.Su ejecución más clásica estriba en citar semidefrente, dando el pecho y la cadera, la muleta un poco altita y un tanto, no demasiado para no forzar la figura, adelantada; poco antes del momento de arrancar el toro carga la suerte adelantando, para ello la pierna contraria, a la par que baja la mano con lo que somete al toro previamente embarcado, y lo obliga a recorrer el camino que le marca. O sea que no lleva el pase hecho; lo realiza toreando. El remate del pase, que saca por la pala del pitón, lo hace por detrá:s de la cadera y quedar, así perfectamente colocado para la ejecución del siguiente pase de la serie.

Todo ello lo realiza sin forzar para nada la figura y girando la cintura para acompañar el viaje del toro en la más pura línea de lo que Salomón Vargas decía con respecto a su torear con el capote.

A su toreo con la mano izquierda, le pasa tres cuartas partes de lo propio. La colocación, cite y ejecución gozan de las mismas características que tiene su toreo con la derecha, aunque su frecuencia es bastante inferior. Cuando el toro, porque ha ido acortando las distancias y ya no queda sitio para dar los pases que se estaban dando, te pide el pase de pecho. Es el momento en que respiran los dos: toro y torero. Romero ejecuta el pase de pecho con belleza y perfección increibles. La trayectoria que sigue es de abajo a arriba, pero sin pasar de la media altura con lo que no "hay banderazo", mientras rachea con la muleta el lomo del toro, de pitón a rabo, sin violencia y con un perfecto juego de muñeca. Al mismo tiempo se produce una conjunción de giro de cintura, brazo y trayectoria semicircular.

El resto de los pases que regala con la muleta tienen como finalidad buscar el adorno, o bien surge como recurso de los que, derramando torería por los cuatro costados, echa mano cuando el toro se le arranca de modo inesperado. Las faenas de Romero no tienen término medio. Cuando no lo ve claro tira por la calle de enmedio. Sabe que no puede hacer lo suyo, que no puede "sentirse" ni crear y entonces parece que entra en una profunda crisis de confusión e identidad. Se ve perdido; no sabe que hace allí y entra en una situación vital que transmite la impresión de ser presa del pánico. Ya no tiene sentido permanecer -¿para qué?- en la cara del toro. Los mata porque hay que hacerlo (con las excepciones propias de un torero excepcional, que se han dado situaciones en las que se los dejó vivitos, a posta, sin ni siquiera entrar a matar). En los momentos de prisa por acabar, el toro se convierte, por el peligro, y porque no le imposibilita realizar su obra, en más enemigo que nunca. Empieza el archiconocido trateo de toques a las orejas que Curro, con unas dosis increíbles de oficio, deja al toro sin un solo pase,en el mínimo espacio de tiempo que puede imaginarse. A matar se ha dicho. En estas situaciones, cuando Curro ve que no va a hacer faena, el lenguaje gesticular que utiliza es inconfundible. Se trasluce que hay sainete porque have unos meneos rítmicos de cabeza, que se acompaña con un gesto entre de decir que no y que vaya tela lo que tengo por delante. Enseguidita, que tampoco se trata de alargar mucho lo chungo, comienza un toqueteo de orjas a base de bien. No los prepara para la muerte, según el viejo modo rondeño de su homónimo, sino que busca salir, cuanto antes, del embrollo.




Con la espada

A la hora de la suerte suprema, es cuando más aciertan los detractores de Romero, impenitentes trovadores de sus defectos. Se pueden contar con los dedos de las manos los toros en que realizó, a ley, la suerte de matar. Desde que se perfila está, ya, fuera de cacho buscando el máximo de alivio y el mínimo "conflicto". Eso le hace que pinche más de la cuenta; pero también, es de justicia señalarlo, exhibe una infrecuente habilidad para encontrar la muerte al toro. Deja el estoque dentro, en no mal sitio, alargando el brazo como el que no quiere la cosa, mientras cruza. A la hora de descabellar, especialmente con los toros no cuajados tiene bastante menos habilidad. Desconfiado, se coloca lejillos, sin que ninguna de las precauciones al uso queden fuera de lugar. Hay que recordar que en La Línea de la Concepción, un toro le pegó una cornada muy grave al arrancársele en el momento en que Curro iba a descabellar.




Valoraciones

El Cossío se ocupa de Curro Romero en varios de sus tomos.La causa no es otra que la tan traída y llevada longevidad artística de Curro. En todos los momentos en que se refiere al Faraón más que un análisis de su tauromaquia, expresa una valoración de su figura.Entre otras cosas dice:"Curro Romero pertenece a esa especie de toreros artistas, puede decirse que por la gracia de Dios. La calidad de su toreo está fuera de toda duda y, aún en las tardes menos afortunadas, perceptibles para el verdadero aficionado. No busca el éxito en exentricidades ni nuevas suertes, sino a la personalidad que presta a los eternos lances de la lidia... que le colocan en la primera línea de los toreros artistas que hemos conocido.

Torero polémico, es defendido a ultranza por sus partidarios, sevillanos en su mayoría, y criticado también con pasión por sus detractores, con lanzamiento a ruedo en múltiples ocasiones de objetos escatológicos a todas luces improcedentes. Necesita como los artistas de su cuerda, la presencia de un tipo de toro que no sale con frecuencia a los ruedos.Ello determina sus no escasos fracasos, ya que por falta de técnica o valor no intenta siquiera el conseguir una actuación discreta o digna. La calidad de su toreo, lánguido y majestuoso a la vez, estáfuera de toda discusión. Es lamentable que a este Curro Romero no le acompañe el ánimo en tantas ocasiones.

Nunca supo, o quiso, taparse con los toros que no fueron de su agrado y de ahí los rotundos fracasos que debemos anotar en su debe. Sus clásicos cuatro mantazos dados con el pico de la muleta y la forma inadmisible de entrar a matar fueron la parte negativa de su toreo.Pero en ocasiones, escasas si se quiere, supo destapar su clásico tarro de las más puras esencias, valga el conocido tópico".




Sobre su tauromaquia, Carlos Abella hace una serie de reflexiones interesantes:

"...a los treinta y trea años de alternativa Curro Romero sigue sin saber estar mal con un toro porque no sabe "taparse" ni es capaz -ni puede- engañar al público. En las temporadas últimas y producto de su menor movilidad y mayor volumen -pese a lo mucho que se cuida- ha desarrollado una peculiar técnica para doblar y destroncar a los toros, disminuyendo su pujanza y facilitar así la suerte final, que practica con rara habilidad, especialmente para dejar medias estocadas caídas, muchas veces de rápidos efectos. No es tan efectivo su descabello. Curro ha tenido la sinceridad de torear siempre con verdad. La "pata adelante", el peso del cuerpo en la pierna contraria y capote y muleta de escasas dimensiones. Diestros que han sido ensalzados exageradamente por su aparente poderío, usa muletas gigantescas y abusan tanto del toreo fuera de cacho como de torear despegado pese a que se le supone el valor que todo el mundo niega a Romero. Y aunque ya su verónica no es la misma de sus comienzos, sigue cimbreando el cuerpo de forma incomparable...

Su muleta, siempre tersa, se ha ido mostrando a lo largo de su trayectoria como el gran instrumento para prender los toros, ni muy adelante ni atrás, sino a la altura de la pierna que cita, quizás algo más adelante, pero nunca forzando la largura en detrimento del empaque. Su temple le ha permitido desfallecer en el momento del embroque, sin buscar otra dirección que la que enrosca al toro, pues Romero no ha despegado al toro hacia las afueras ni pretendido aparentar un dominio no sentido si siempre trató de crear belleza, acompañando al toro, en los últimos años, este obsesivo y sencillo objetivo se ha simplificado al máximo...".
Luis García Caviedes
Curro Romero, Mito de Sevilla
Signatura Ediciones
2ª Edición, 1996


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