ANTONIO GARCÍA BARBEITO
Nilo


El agua que vierte al río la manga de la juerga es como otro río, más caudaloso incluso que el propio Guadiamar que va, ahora, tímidamente sonoro entre los desnudos álamos blancos. La manga de la juerga trae un sonido grave, ese sonido que es como un ronco tenor, ese sonido que se oye desde los cerros. Un sonido que se hace música de rumor, sordona melodía entre la alameda salpicada de trinos en cuanto las aguas se hermanan en la aorta que corre por todo el cuerpo de la vega hasta la marisma.

Es el Guadiamar, el viejo Menoba, aquel que, según algunos,Almutamid llamaba el río de las acacias, y al que pedían que lo trajeran para recorrer sus hermosas orillas. Este río, este Guadiamar que quizá signifique Río de príncipes, es el Quema en Pentecostés, y ahora, cuando la primavera empieza a vestir varas de almendros; ahora, cuando abril se ve por cima de los hombres de la tarde, cuando el lubricán diseña vestidos de toreros, es el Nilo. Pero no es el Nilo porque cerca, muy cerca, en los pinares donde ese rumor del agua es húmeda música en las copas de los pinos, se entrena el Faraón. El Faraón de Camas, quiero decir, el rey egipcio que viene aquí a prepararse para renovar su reinado, y como su reinado es La Maestranza, y La Maestranzaestá a la orilla del padre Guadalquivir, pues viene a entenderse con los vientos amnícolas, a rezar silencio en la mezquita sin arcos ni techumbre de un pinar que es una columnata olorosa en cuanto la resina chorrea como perfume del monte.

Y el Faraón viene aquí porque aquí se encuentra con ese espejo -verde con cabos azules- de su esencia madre que es la mata de romero. ¿Cómo será tocayo, la magia de Curro toreando sin capote y sin toro -toreando al aire- en la inmensa soledad sonora de este pinar? Los pinares de Aznalcázar, bien andados, tienen un eterno olor a romero. Curro viene aquí, anda, corretea, flexiona, aspira, se mete entre pecho y espalda un chute de olor de romero mezclado con olor de resina y flor de jara, y después, si la tarde es propicia, sobre el as de oros del Baratillo puede ocurrir cualquier milagro.

Quizá por eso el Guadiamar-Nilo (como verá, querido Burgos, te he cogido la idea tuya de llamarle Nilo a mi río) lleve esa música cuasi de pasodoble. Y quizá por eso, porque el monte sabía que el Faraón vendría por estos pinares, azulea y huele tanto el romero entre los pinos.
Antonio García Barbeito
El zaguán,19/02/98
El Correo de Andalucía



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